Él llega todas las siestas a la redacción, dice un “buenas” para todos general y se acomoda en su escritorio. Como buen periodista de la “vieja escuela”, primero lo primero: organizará su agenda papel (con cierta añoranza de que lo analógico sigue siendo útil), garabateará algunas anotaciones sobre los temas de la tarde, luego responderá mensajes por WhatsApp y publicará algunos tuits.


































