—Como estudiante fue al principio difícil, porque por muchas políticas inclusivas y accesibles que haya siguen existiendo adaptaciones curriculares. Soy una persona que tiene gran fuerza de voluntad y se toma las cosas como un reto: al principio tienes que enfrentarte a personas, porque cada profesor lo es, y muchas veces depende de que te quieran ayudar más o un poco menos y queda en la voluntad de esa persona. Pero pasada un poco la primera etapa educativa, más complicada, a través de la tecnología pude encontrar la igualdad de oportunidades entre mis compañeros y yo, acceder a clases con pizarras digitales y con mi portátil seguir lo que se escribía en la pizarra y escuchar con sistema de escucha asistida. Al final no fue fácil, fue un camino complicado pero mereció la pena porque pude estudiar, trabajar y estar aquí, en otro continente.