Los ovillos de lana, las agujas, la técnica del crochet, los telares, los bordados. Y las manos, tejiendo pacientemente cada punto -pues la paciencia es un atributo en peligro de extinción-, más la mirada clavada en la precisión del movimiento, lo terapéutico del oficio. Y esa bufanda, ese pullover o ese escarpín para el recién nacido que se tejió es el punto de partida: ahora, a seguir.


































