Wally no para de querer vivir. Exuda vida por todos lados: en cada sonrisa que esboza, en cada paso que da, en cada bocanada de aire que —ahora, sin tanta dificultad— exhala, y en toda vez que va a la cancha con sus papás a ver al equipo de sus amores: Newell’s. Wally, rosarino, tiene 4 años y lucha —aunque no lo sabe— contra una extraña patología que no tiene cura hasta ahora (sólo puede mejorarse la calidad de vida del paciente), y que desvela a gran parte de la comunidad científica internacional: el síndrome de Cantú.



































