“Las personas se hicieron un análisis de sangre -antes y después de consumir el yogur-, donaron una muestra de materia fecal -también antes y después- para poder estudiar su microbiota intestinal; y finalmente, respondieron un formulario de síntomas gastrointestinales antes, durante y al finalizar el ensayo. Ninguno abandonó el estudio y todos comentaron lo rico y bien que les caía el producto. Muchos notaron que regularizaron su tránsito intestinal”, explicó Vinderola, y agregó: “Los resultados mostraron que se mejoraron varios parámetros sanguíneos, mejoraron los síntomas gastrointestinales -sobre todo en mujeres-, y hubo ligeros cambios en la microbiota que podrían estar relacionados a la disminución de bacterias inflamatorias, con menos constipación, evacuación incompleta e hinchazón”. Dicho análisis de la microbiota se ejecutó en colaboración con la Universidad de Kiel, en Alemania.