El siglo XX ―en nuestra ciudad― concluye con el surgimiento de la pintura abstracta en su completa dimensión: una forma de expresión que prescinde de toda figuración y propone una nueva realidad sin referencias visuales con el mundo real. Fue necesario un salto generacional para dejar atrás el arte figurativo, los posicionamientos artísticos que procuraban la identidad litoraleña centrada fundamentalmente en la representación del hombre en su paisaje y las expresiones afectas a influencias de las vanguardias europeas que hibridaron importantes desarrollos artísticos locales.




































