Un artículo sobre esta escuela, titulado “La Cárcova después de la Cárcova”, firmado por Georgina G. Gluzman para la Universidad Nacional de las Artes, deja constancia del paso de Lammertyn por allí. “La cátedra de Estética fue un relevante espacio de reflexión para los estudiantes”, dice Gluzman. “El intenso trabajo de los estudiantes en este ámbito ha quedado registrado en los veinte tomos de monografías conservados en la actualidad. Un recorrido por el fragmentario registro, que cubre los años entre 1932 y 1938, permite justipreciar la diversidad de intereses desarrollados por los estudiantes a lo largo de las dieciséis monografías que debía escribir cada uno por año. Algunos de los trabajos respondían a consignas de la cátedra, en reflexiones que versaban sobre el origen de la estética o sobre Hans Holbein, por ejemplo. Sin embargo, muchos otros dan cuenta de los intereses individuales de cada estudiante y en algunos casos, como el de Julio Lammertyn, de experiencias intensamente personales”.