“Deslicen sus ojos por una sala de arte argentino. Háganlo lánguidamente, sin enfocar. Cuando sientan un sacudón como cuando el auto en el que van pasa por encima de un cuis en la ruta, deténganse: es altamente probable que hayan quedado frente a un Victorica. Lo que ha provocado el sacudón no fue el tema del cuadro sino la forma en que está pintado. Todo en las pinturas de Victorica está enrarecido: los planos que cortan sin sentido, el modo tosco de aplicar el óleo, las costras de material, la cantidad de información contenida en el espacio acotado de una tela, la manera en que el pintor nos hace saltar sobre la anécdota para zambullirnos en el significado. No es un gesto de modernidad, ni tampoco un manierismo; es más bien la correlación objetiva de lo que la experiencia de vivir supone para el pintor”. Las palabras de María Gainza, vertidas en el libro “El nervio óptico”, sirven para sintetizar el tipo de obra desarrollada por el artista plástico Miguel Carlos Victorica.


































