Tenía que ser así. Con angustia, con incertidumbre, sin jugar bien, a lo argentino. No podía ser de otra forma. Si cuesta, vale más, se goza más, se disfruta más. Parece que este equipo tiene bien incorporado ese concepto. Pero eso lo fortalece, lo torna duro y peligroso. Se encontró con una circunstancia favorable en el peor momento: contar con un jugador más. El partido se le había puesto difícil, no tenía la pelota y Suiza se lo había empatado con justicia. Fue ahí que el partido cambió de dueño. Y en el segundo tiempo del suplementario, ante una Suiza que daba la impresión de solamente pretender ir a los penales, aparecieron los reclamados goles de los delanteros. Julián y Lautaro tuvieron esa precisión suiza para llevar al equipo a semifinales. Nada menos que ante Inglaterra. Todo dicho.






































