Hay frases que pueden definir muy bien este fenómeno que se viene observando en los estadios de este Mundial. Frases como “en un fútbol a menudo manchado por el negocio y la intolerancia, el intercambio de camisetas entre hinchas emerge como un acto de rebeldía pacífica: la prueba irrefutable de que el amor al juego siempre estará por encima del fanatismo ciego”, o también aquella que dice que “despojarse de los colores propios para abrazar los del rival no es un acto de traición; es el reconocimiento supremo de que el otro es un espejo de nuestra propia pasión”.






































