“Esto es una demostración de lo que tenemos que vivir todos los días. Hay muchos entrenamientos en los que tengo que remar por el contorno del lago y tengo que frenar a cada rato. Y sino, si se complica mucho con las algas, me tengo que ir al río. Y eso implica un riesgo: pasan muchos autos y cruzamos la autopista con los chicos con el bote al hombro”, describió Rézola de su realidad diaria, y agregó que “es algo inédito esto, nunca pasó, nunca crecieron estas algas. Y tener esta iniciativa, al menos es empezar por algo, porque hacía rato que no se le daba un mimo a nuestro lago”.