Este fin de semana, la Scuderia volverá a llevarlo simbólicamente a la pista con un homenaje que va mucho más allá de una decoración especial.
A 30 años de su llegada a Maranello, la Scuderia presentó una decoración especial inspirada en el auto de 1996. El tributo también alcanzará a Charles Leclerc y Lewis Hamilton y tendrá dos momentos cargados de emoción con Rubens Barrichello y Sebastian Vettel en pista.

Este fin de semana, la Scuderia volverá a llevarlo simbólicamente a la pista con un homenaje que va mucho más allá de una decoración especial.
Los SF-26 de Charles Leclerc y Lewis Hamilton lucirán una librea inspirada en la Ferrari F310 con la que el alemán comenzó su historia vestido de rojo en 1996. Será la imagen principal de una celebración que también incluirá indumentaria especial, autos históricos y dos vueltas cargadas de significado ante los tifosi.
La Ferrari mantendrá su color rojo como protagonista, pero incorporará sectores blancos en los alerones y detalles negros que remiten al diseño de aquella temporada. Las llantas BBS tendrán un tono dorado, en recuerdo de las piezas de magnesio utilizadas hace tres décadas.
El auto también llevará el emblema personal de Schumacher, formado por las letras “M” y “S” con la silueta de la cabina de un monoplaza. Sobre la trompa aparecerán las siete estrellas que el alemán utilizó en su casco para representar sus siete campeonatos mundiales.
Leclerc y Hamilton tendrán cascos, guantes, calzado y monos diseñados especialmente para la ocasión. El domingo, además, todos los integrantes del equipo vestirán la indumentaria creada para el homenaje.
Schumacher llegó a Ferrari en 1996 como bicampeón mundial, pero también con un desafío enorme: devolver a la Scuderia a la cima de la Fórmula 1. Su primera victoria con el equipo se produjo ese mismo año en España. Después ganó en Bélgica y, finalmente, en Monza, donde Ferrari no se imponía desde 1988.
Aquel triunfo frente a una multitud vestida de rojo fue el comienzo de una relación que trascendió los resultados. Michael terminó ganando cinco veces el Gran Premio de Italia con Ferrari: en 1996, 1998, 2000, 2003 y 2006.
Durante sus once temporadas en Maranello, fue una figura central en la reconstrucción deportiva de la Scuderia. Ferrari conquistó seis campeonatos consecutivos de Constructores entre 1999 y 2004, mientras que Schumacher obtuvo cinco títulos de Pilotos seguidos desde 2000 hasta 2004.
Sin embargo, el legado que Ferrari decidió destacar no se limita a las victorias y los campeonatos. La escudería recordó su disciplina, la búsqueda permanente de la perfección, las horas de trabajo junto a los ingenieros y su capacidad para involucrar a todo el equipo detrás de un mismo objetivo.
Esa cultura construida alrededor de la preparación, el esfuerzo colectivo y la mejora continua todavía permanece en Maranello. Por eso, el homenaje fue denominado “Sunday Rituals”: una referencia a esos rituales de domingo, las emociones compartidas y la pasión que durante generaciones unieron a Ferrari con sus tifosi.
El homenaje también devolverá a la pista uno de los autos más importantes de la era Schumacher. Ferrari exhibirá en Monza tres monoplazas que cuentan distintos momentos de aquella historia: la F310 de 1996, la F2002 y la 248 F1 de 2006, con la que el alemán disputó su última temporada como piloto de la Scuderia.
El sábado, Rubens Barrichello conducirá la F2002. El brasileño fue compañero de Schumacher durante los cinco campeonatos consecutivos obtenidos entre 2000 y 2004 y ganó con ese mismo modelo el Gran Premio de Italia de 2002.
El domingo, antes de la largada, será Sebastian Vettel quien se ponga al volante para realizar una vuelta de homenaje. El cuatro veces campeón mundial creció admirando a Schumacher y años después también cumplió el sueño de correr para Ferrari. Su presencia le dará una dimensión todavía más emotiva al tributo.
La F2002 representa una de las temporadas más dominantes en la historia de la Fórmula 1. Schumacher aseguró aquel campeonato en julio, cuando todavía faltaban seis carreras, y Ferrari consiguió 15 victorias en 17 Grandes Premios.
La celebración se extenderá fuera del circuito. El Museo Ferrari de Maranello reunirá durante septiembre los cinco autos con los que Schumacher conquistó sus campeonatos consecutivos entre 2000 y 2004, junto con trofeos y distintos elementos vinculados con sus victorias.
Pero será Monza el escenario en el que el homenaje alcanzará toda su dimensión. Allí, donde Schumacher ganó cinco veces y fue abrazado por un mar de tifosi, Ferrari volverá a encontrarse con una parte esencial de su historia.
La nueva decoración podrá desaparecer cuando termine el fin de semana. Las estrellas, los colores y los emblemas especiales dejarán su lugar al diseño habitual. La marca que Schumacher dejó en Ferrari, en cambio, sigue intacta.
Treinta años después de su llegada a Maranello, Michael vuelve a Monza. No para correr otra carrera, sino para recordar que una parte de la Ferrari actual todavía fue construida por él.





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