Guillermo Vilas fue el mejor tenista que ha dado este deporte en nuestro país. Le faltaron, lamentablemente, dos cosas: ser campeón de la Copa Davis (muy cerca estuvo en aquella final ante Estados Unidos en 1981) y que se le otorgue el número uno del mundo, algo en lo que el colega Eduardo Puppo, en una investigación extraordinaria, ha logrado contar con los elementos y fundamentos necesarios para que, por fin, el tenis mundial lo reconozca como lo que realmente fue.



































