La estabilidad del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner acusa recibo de su inconsistencia arquitectónica o ideológica en el plano político interno. Pero en cambio reluce su consistencia fiscal y territorial: el Estado en todos sus niveles incrementó a 64,9% su “porción” en la renta agrícola, pero además el 68,8% de esa tajada son impuestos nacionales que no se coparticipan.



































