(Por Diego Dulce DYN) La Policía Federal Argentina lleva estadísticas de procedimientos desde 2003 y en un período de dos años debió duplicar su actividad para responder a denuncias crecientes recibidas desde el exterior y por organismos nacionales. La División Delitos en Tecnología y Análisis Criminal de la Policía Federal contabilizó que en 2003 intervino en 18 operaciones, con varios implicados en cada caso, el número saltó a 40 en 2005 y, proyectando las primeras cifras de 2006, este año habrá un nuevo incremento. Los investigadores estiman que estos números no alcanzan a reflejar el impacto real de un fenómeno que se agigantó con la masificación de Internet, y de otras ventajas tecnológicas, como las cámaras digitales y el teléfono celular con cámaras, que hacen innecesarios los laboratorios. Un gran negocio La pornografía infantil es un gran negocio para algunos adultos que cotizan una suscripción a una página web en 50 y 100 dólares mensuales, una cuota que puede llegar a 500 dólares en los casos de "servicios especiales", como los que contienen malos tratos, torturas y hasta la muerte de un niño. El dato esencial que no puede olvidarse es que la pornografía infantil se basa en el abuso, el engaño o el sufrimiento de una niña o niño que no pudo elegir libremente y que es sometido por un adulto que busca que otras personas tomen esas imágenes, para tener sexo en solitario frente a un televisor. El hecho mostrado en la pornografía infantil es siempre un abuso y un delito penado por el sentido común y la ley, y nunca una actuación voluntaria como pueden ser las imágenes de sexo de dos adultos. Daños en los menores Según los expertos, los daños que reciben los niños, ya afectados por el abuso, se multiplican porque esas imágenes difícilmente pueden ser eliminadas del ciberespacio, y siempre habrá alguien que las haya capturado y las vuelva a poner en circulación. Los expertos sostienen que la pornografía infantil es la cara visible de otros delitos relacionados con los niños y el sexo adulto, como la prostitución infantil, el turismo sexual infantil y tráfico de chicos con fines de explotación sexual. La Organización Mundial de la Salud considera que la pornografía, como expresión de la paidofilia (o pedofilia), es una parafilia, es decir, una conducta sexual condenable, al igual que el sadomasoquismo, la coprofilia (atracción por la materia fecal), la urofilia (la orina), la zoofilia (los animales), la necrofilia (los muertos), el fetichismo y el voyerismo. En Argentina están penadas la producción y distribución de imágenes de pornografía infantil, pero no la tenencia, por lo que ha sucedido que aún cuando se encontraron cientos y miles de fotos en posesión de una persona -como sucede habitualmente-, ésta no puede ser detenida, sino a lo sumo investigada para ver si tiene algún tipo de captura pendiente y luego liberada. Esto quiere ser corregido por el Consejo de la Niñez, que entró en contacto con senadores y diputados para tapar el hueco por donde se cuelan abusos y degradaciones.


































