Por Juliano Salierno
Un año y veinte días después de la muerte violenta de Sandra Beatriz Ríos, la Justicia condenó a uno de los asesinos a prisión perpetua. La víctima tenía 30 años y tres hijas mujeres. Fue atacada la madrugada del 9 de mayo de 2007, en un baldío, cuando iba camino a su trabajo. Falleció esa misma tarde, luego de ser operada.
El 29 de mayo el juez de Sentencia N° 5, Enrique Álvarez, condenó a prisión perpetua a Alejandro Ismael Fernández, un changarín de 20 años, del Barrio Eva Perón, del extremo norte de la ciudad. Además, dictó sentencia de tres años de cumplimiento efectivo, para Miguel Ángel Stemphelet, alias “Buli”, que con apenas 26 años es reincidente por tercera vez. Está acusado de vender un celular, robado a otra mujer la misma mañana que mataron a Sandra.
Distinta es la situación legal del menor de edad que también apuñaló a la joven madre, puesto que está bajo la tutela de la Justicia de Menores. Lo apodan “Colo” y era el cuñado del principal acusado. Actualmente está en el Pabellón Juvenil de Las Flores y “el expediente está en trámite”, confirmaron desde el Juzgado de Menores de la Segunda Nominación, a cargo de la Dra. Ana María Elvira.
Si bien ya se comprobó la autoría del hecho, la jueza trabaja sobre “la valoración de la pena”, siempre atendiendo a que “el Derecho de menores es de carácter tutelar, de rehabilitación”, destacaron.
Por reconocerlos
Además del crimen de la trabajadora, Fernández y el “Colo” están acusados por el robo a otra mujer, cuyo testimonio resultó vital para seguirle la pista a los verdaderos asesinos. La víctima habría sido abordada un rato antes que Sandra, en calle Presbítero Silva, a una cuadra de avenida Blas Parera, donde bajo amenaza de arma blanca le quitaron el bolso, hiriéndola en el dedo pulgar con un cuchillo.
A Sandra la interceptaron la mañana del miércoles, en Venezuela y Doldan, en el límite entre los barrios Entrada Norte y Nuevo Horizonte. Había salido temprano de su casa en Damianovich al 6500 y se dirigía a la parada del colectivo. Pero al atravesar un baldío, la joven madre de tres niñas que cubría una pasantía en la Dirección de Tránsito de la Municipalidad, fue asaltada por dos muchachos que iban en bicicleta.
Tal vez nada le hubiera ocurrido de no advertir quiénes eran sus agresores. Pero reconoció a uno de ellos y los malvivientes la apuñalaron sin miramientos para evitar ser descubiertos ante la acusación de robo.
Con las pruebas recolectadas durante la instrucción de la causa, el juez Darío Sánchez, dictó el procesamiento de Alejandro Ismael Fernández por los delitos de “homicidio doblemente agravado, criminis causa y robo calificado por el empleo de armas”, ambos ilícitos “agravados por la participación de un menor de edad”. Otros tres acusados recibieron la “falta de mérito”.
Luego el fiscal N° 7, Héctor Millen, pidió la elevación a juicio y meses más tarde el juez Álvarez dictó sentencia condenatoria.
Dos puñaladas
En un principio se dudó de quién pudo matar a Ríos, pero la autopsia reveló que Sandra recibió dos puñaladas provenientes de armas diferentes. Una le provocó una herida de 13 cm. de profundidad en la zona del hombro izquierdo, afectando su pulmón y una arteria; la otra era de menores dimensiones, diferenció la médica forense.
Además, en el Juzgado de Menores el chico contó cómo ocurrieron los hechos, comprometiendo definitivamente la situación de Fernández. Según consta en el expediente, dijo que después de haberle robado el celular a otra chica “vimos a una mujer que venia sola y decidimos asaltarle, ella iba adelante nuestro, nosotros en bicicleta, cuando estuvimos cerca, yo me bajé de la bici con el cuchillo apuntándola y ella al verme me dio la cartera, en ese momento lo conoció a mi cuñado y le dijo “yo a vos te conozco, te voy a denunciar a vos y a tu familia” y fue ahí que me puse nervioso y la chuceé, no me acuerdo dónde le di y ahí mi cuñado le plantó la cuchilla, y después disparamos con la bici”.
En cuanto a la situación de Stemphelet “se circunscribe en el hecho de haber vendido -por $ 100- un teléfono celular que previamente se lo había entregado “Cacu”, para su venta”. Era el teléfono de la primera joven. Y si bien no sabía de dónde lo había sacado Fernández, supuso el origen “porque este pibe anda en la mala, le chorea a todo el mundo, incluso le roba hasta la ropa a los mismos vecinos”, declaró.
En cuanto a la condena máxima, el juez Álvarez argumentó que recurrió a ella puesto que “resulta claro la conexión entre el robo que ejecutaba el acusado y la muerte que produjo”. Y si bien “hay que afirmar que el objetivo central de Fernández no era el de matar a Sandra, tomó esta actitud porque fue reconocido. Buscando la impunidad del robo, mató”, cerró el magistrado.

































