De un departamento sale el aroma del almuerzo de unos jóvenes antes de salir a cursar. Por la ventana de otro se puede ve a una chica repasar apuntes sobre la mesa, mientras toma un mate, con la ropa de fondo secándose en la estufa. En el pórtico de entrada entra un chico montando su bicicleta, con auriculares colgando en el cuello y mochila colgando sobre los hombros. Mientras, por los parasoles verdes de la fachadas se cuela un hilo de sol de una de las primeras frías mañanas del otoño santafesino.
































