Ante la multiplicación de amenazas que aparecieron en baños escolares y circularon por redes sociales, distintas instituciones educativas de Santa Fe y la región activaron protocolos, dieron intervención a la Policía y reforzaron la comunicación con las familias. Pero, además de la respuesta formal, hubo un rasgo común: el intento de transformar la alarma en una instancia de trabajo educativo con los estudiantes.
































