Hace casi cuatro décadas, un joven jujeño de perfil bajo llegaba a la provincia de Santa Fe para hacer sus primeras armas como bioquímico. Después de graduarse en la Universidad Nacional de Tucumán y especializarse en Estados Unidos, Diego de Mendoza desembarcó en la Universidad Nacional de Rosario como profesor de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas. Allí, inició innovadores estudios con bacterias y fundó, junto a sus colegas, el área de Microbiología Básica. Con la tenacidad que lo caracterizan, realizó descubrimientos pioneros para este campo científico, que le valieron numerosos galardones y oportunidades de desarrollo profesional en el exterior. Hoy, a sus 71 años, aún reside en Rosario y mantiene intactas sus formas sencillas y su pasión intelectual, tal como transmitió a este medio en una amable conversación telefónica previo al Premio de la Fundación Bunge y Born que recibirá este miércoles 13 de octubre.




































