-“Empecé a leer en la secundaria, en el Superior de Comercio y después terminé en Humanidades, en la carrera de Letras. Mis viejos no decían nada porque era buen alumno, pero entraba la adolescencia y me había puesto un poco bardero cerca del final de la secundaria. Bardero en el sentido de salir a la noche a los boliches, andar un poco rotoso con la ropa y caminar la ciudad entre tribus urbanas. Me divertía con eso de andar en la calle, de reconocer de esa forma también mi ciudad. Porque yo había vivido toda mi infancia en la zona Norte, que es como un pueblo separado del centro. Es el barrio Sarmiento, que está entre Arroyito y Alberdi, cerca de la usina Sorrento. Un barrio en donde todo lo hacíamos caminando: para ir al río, al parque, al club Agua y Energía, que estaba enfrente de casa. Tenía un kayak guardado en el arroyo Ludueña, en donde ahora está el shopping. Teníamos que remar con cuidado con mis amigos aguantando los efluvios (cloacales) del arroyo. Pasábamos el puente y cruzábamos el río hasta la isla de enfrente. Una infancia tranqui, por eso al principio de la secundaria me molestaba ese centro, porque tenía que dejar a los amigos de la infancia y toda esa cosa de andar en bicicleta por La Florida, ir al río, jugar al fútbol en la calle. Y tenía que tomarme un bondi, viajar 30 minutos, ir y volver solo. Pero empecé a conocer gente de todos los barrios y eso sí estuvo bueno. El Superior, era un colegio público fantástico y continué en la Universidad pública”, dice Juan.