Yo sé que no estoy diciendo nada con estas palabras, porque un intento de poesía mal parada, en este siglo sin palabras reveladas, es poco para contar una vida; es poco y sin embargo en lo que recuerdo la Tana ha sido mucho, che, muchacho, muchacha, es la que trajo otra vez algunos versos preferidos, les dio sentido, los dijo como se debía peleando con canciones para hombres desde su modo de vivir sin concesiones y la quise y la quiero ver así, que tanto, que embromar, caramba, y en esta noche que la veo sentada advierto que mueve sus manos pero es y no es lo mismo y siguen sus riñones diciendo escuchen, escuchen, deben leer a los poetas, escuchar la música es la vida viva, una jodida vida en estos años, la que no sirve si es callada y es esta vida la que existe y sirve si tiene lo elemental, la música, el verso y es por eso que sigo aquí como corresponde, como deberían todos los que creen que un poema es importante y que tiene razón Borges, que duramos menos que la vana melodía que parece broma, la melodía de un tango que el descarta pero es mentira, el rescata y escribió con esa música sus milongas y ese capricho que lo seguía, el tango, y tras de Borges los que estaban. los que vinieron, los que convoca la Tana en este concierto, sentada en su sillita diciendo de sus amores, contando que viene con sus fantasmas, já, como si uno no supiera que quien piensa de solo pensar viaja con todos su fantasmas, que son estos los que obligan a mover las manos como aspas y poner los riñones en el canto, que cuando las luces lo indican, desde el fondo dicen dieron sala y comienza la función de nada sirve ya está, de nada sirve decirle a los fantasmas que se vayan porque les pertenece, es de ellos resultan propietarios del escenario, la respiración, ése instante en que la mente se pierde esperando que llegue el compás que da la entrada y que empiece la misa sin más cruces que los muertos, que los fantasmas -los dueños del instante infinito- llamando para que digan presente todos ellos en conjura advirtiendo sin dobleces: Tana aquí estamos, volvemos, somos nosotros los tuyos, los de tantos, no hay quien mate los recuerdos salvo el dueño y no siempre y vos, ahora solo vos sos dueña de los recuerdos preferidos de tantos que aún están, que se vienen de todas partes a escuchar esa voz tan rara y esas manos y esa altura, esa polenta, esos riñones que vuelan, que dejan las manos quietas en la silla y se van volando - como siempre- a la casa del Ángel, su Botica, al conservatorio, a la vieja Inés, a tantas cosas que allí están cuando Gardel, Discépolo, Eladia, Trejo se plantan con sus versos.