La industria del delito es funcional a toda una serie de sistemas. Mientras renegamos con un “negro de mierda”, porque le dan un plan para que se compre un choripán, un “rubio de mierda” se lleva el valor de 40 millones de planes y nos saluda mientras le rendimos pleitesía. En esta última década prácticamente duplicaron la población carcelaria, colocaron millones de sistemas de monitoreo en las cárceles, en las calles, en las rutas, etc., la dotación de personal de seguridad no para de crecer, con todo lo que eso conlleva: uniformes, armas equipos de comunicación, vehículos, logística, administración de recursos y mil cosas más, como los programas televisivos o radiales. Para que todo eso funcione es necesario mostrar algún idiota que mató a una viejita para robarle la jubilación, y no mucho más que eso.