Una aeronave se desliza sobre un mar de nubes iluminada por la luna llena. Un castillo de contornos imposibles se traslada de un lado a otro. Una bruja de 13 años se divierte volando en su escoba. Un cerdo aviador frustra los actos de piratería en el Adriático y es perseguido por americano. Un grupo de animales del bosque se reúnen para oponerse a los humanos que atentan contras su entorno. Una niña de diez años se introduce en un misterioso paraje donde asiste a la conversión de sus padres en cerdos. Son algunas de las potentes imágenes que pensó, dibujó y animó Hayao Miyazaki. Y tienen en común una especie de lógica (si es que puede llamarse así): detrás de cada una de ellas, se esconden múltiples realidades, cada una de ellas más sorprendente que su predecesora.


































