Al promediar los ‘90, Mel Gibson era una estrella. Tres entregas de “Mad Max” y otras tres de “Arma mortal” habían bastado para convertirlo en uno de los actores más requeridos del cine comercial de Hollywood, capaz de atraer con su nombre y apellido a públicos heterogéneos de cualquier latitud. Sin dejar de explotar el enorme potencial derivado de su carisma, Gibson se arriesgó y se largó a dirigir. En 1993 lo hizo modestamente con “El hombre sin rostro”, melodrama sobre la relación que se establece entre un niño conflictivo y un profesor cuyo rostro quedó desfigurado tras un accidente. Pero en su siguiente película, sorpresivamente, viró hacia la superproducción épica y rodó “Corazón valiente”, una especie de biopic que pondera la lucha de un rebelde escocés contra el yugo británico en el siglo XIV. Film que se estrenó el 18 de mayo de 1995 en el Festival Internacional de Seattle, hace justo 25 años, resultó un éxito arrollador, ganó el Oscar y renovó el interés de los espectadores por los filmes históricos de aventuras.

































