Según la Unesco (2003) una lengua está en peligro cuando se encuentra en vías de extinción, sin una documentación adecuada; cuando sus hablantes dejan de utilizarla o lo hacen cada vez en ámbitos comunicativos más reducidos (retracción de sus ámbitos de uso); y, cuando dejan de transmitirla de una generación a la siguiente. Durante largos años, explicó Carrió, el Estado intervino sobre los pueblos y, en consecuencia, sobre los sujetos hablantes, de diversas maneras que impactaron negativamente sobre el mantenimiento y revitalización de sus lenguas. A través de campañas genocidas (como la Campaña del Desierto), las políticas de homogeneización de la lengua y la cultura mediante las acciones de la escuela e, incluso, a través de la distribución de las tierras que otorgó a “los blancos” el rol de detentores de las fuentes de trabajo. A estas acciones se suman otras, promovidas y ejecutadas desde las mismas comunidades, vinculadas con los matrimonios interétnicos, la migración y la negación de la propia lengua.