Nacha debió atravesar dos exilios. En 1974 le exigieron que dejara de cantar "Yo te amo libertad", el tema de Gian Franco Pagliaro, y "De qué se ríe señor ministro", de Mario Benedetti. Nacha no lo dudó y decidió partir antes que claudicar en sus ideales. Ya tenía a sus tres hijos y estaba en pareja con Favero. El segundo exilio ya no fue motivado por una amenaza sino por la explosión de una bomba en el Teatro Estrellas donde trabajaba. "El exilio fue la experiencia de más aprendizaje de mi vida", dijo a LA NACION hace pocos días. Por aquellos años el destierro la llevó a México, Venezuela, Brasil y España donde se presentó con Nacha de noche. En 1977 debutó en Cuba y en 1978 ofreció en Nueva York An evening with Nacha. "La amenaza era clara: si no me iba, me iban a ejecutar en la calle", confesó. A pesar de la repercusión obtenida en el exterior, la partida del país no fue una decisión sino una imposición. En 1984, ya instalada nuevamente en Argentina, editó el disco Somos los patitos feos que contenía su clásico "Mi ciudad" en el que, de modo catártico, decía aquello de "en París hay lindos puentes, pero no es calle Corrientes". Sin dudas, un material que definía su presente en aquellos días.