“La bondad es algo que uno elige. Cuando un hombre no puede elegir, deja de ser hombre”. Pasaron 50 años desde el día en que se estrenó, el 19 de diciembre de 1971, pero su mensaje medular no perdió un ápice de potencia. “La naranja mecánica”, bajo su velo distópico de ultraviolencia, drogas, sexo, música de Beethoven y seres alienados, esconde una reflexión profunda respecto a la composición de la naturaleza humana, sobre todo por la ambiguedad de su escena final. Alex, el carismático protagonista, recupera su humanidad cuando puede volver a tomar sus propias decisiones. Pero no aprendió nada en el camino y vuelve a elegir el camino de la maldad que lo llevó hasta una situación terminal. Es que allí radica su esencia.


































