-Leía aventuras. Y en algunos casos, las novelas de Agatha Christie también tenían algo de aventura. Quizás menos las de la señora Marple, pero sí las de Hércules Poirot, que a veces aparecía en alguna excavación arqueológica de Medio Oriente, en Siria o en Egipto. Me gustaban mucho las historias de aventuras, sobre todo las de Julio Verne, que siempre estaban ligadas a un elemento de fantasía o ciencia ficción pero contaban viajes. Es más, la colección de las novelas de Verne se llama “Viajes extraordinarios”. Frente al mundo de la aventura, del héroe que se desplaza, el del policial aparece como un héroe inmóvil. No porque no se mueva, sino porque su virtud la muestra en un ámbito cerrado, en la casa del crimen o en la habitación del crimen. Poirot puede viajar a Egipto y tomar un barco como en “Muerte en el Nilo”, pero su saber lo va a aplicar en un camarote. Esa es para mí la diferencia entre el héroe de aventuras y el detective. Duncan Dix, el protagonista de “Academia Belladonna”, tiene más de héroe de aventuras que de detective.