En los años 80 los giros continentales hacia derechas políticas de distinto tipo y pelaje tuvieron amplio correlato en el cine comercial de Hollywood. Así, aparecieron justicieros solitarios, policías capaces de tumbar un edificio lleno de maleantes y forzudos con la idoneidad para cargarse a un regimiento entero a tiros y piñas. Sobre todo si en ese regimiento estaban los enemigos de la paz y el orden, suficientemente identificados según las oscilantes necesidades del poder de turno. En este contexto, cobraron fama global dos actores que representaron la síntesis del macho súper poderoso y ultraviolento: Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone. Este último, en efecto, interpretó al más icónico de todos: el ex combatiente de Vietnam, el guerrillero entrenado para “matar o morir” John Rambo. Cuya presencia en el imaginario colectivo está tan vigente, que se filmó la quinta entrega de sus andanzas, que llegará el jueves 10 de octubre a los cines argentinos. Será un Rambo veterano (Stallone ya tiene 73 años) y en declive, que se ve obligado a volver a alzar las armas para enfilar hacia México (hace rato que terminó la Guerra Fría, en la era de Donald Trump la amenaza es otra) y tratar de rescatar a una sobrina desaparecida en una supuesta red de trata de personas. Novedad que sirve de excusa para recordar a un personaje cuyo origen está en el tuétano de la década de 1980 y la popularidad que obtuvo es inconmensurable.




































