“La vida me puso en un momento en donde tuve que aprender la maravillosa genialidad que tienen los hijos, a los cuales uno trata de educar, de hacerles llegar a una vida que uno quisiera que tengan cuando ellos hacen su propia vida como ellos quieren tenerla. Tuve el privilegio de aprender de una de mis hijas y de vivir con ella, disfrutar más de 30 años entendiendo la genialidad que tenía después. Si está en algún lugar, estará sonriendo, porque le dije que era mi debilidad”, remarcó con entereza, para luego detallar los instantes más duros del duelo. “Lo único que pensaba era si tenía hue... de tirarme por la ventana, no lo iba a hacer. Apenas comía”. El diseñador también relató que cuando pudo salir, se fue a caminar y se encontró con Gustavo Yankelevich, padre de Romina Yan, que se le acercó a hablarle: “Empecé a compartir historias con alguien que había vivido cosas similares. Eso no fue algo fortuito”, reflexionó.