Oriundo de Mendoza, el violonchelista Juan Sebastián Delgado desarrolló una sólida trayectoria que incluyó formación en Italia, Estados Unidos y Canadá.
El músico propone una versión de "Escualo", de Piazzolla, que recupera el espíritu rupturista del tango nuevo. Es el primer single de su próximo disco "Tangos imaginarios". "Siempre me cautivó por su fuerza rítmica y su virtuosismo", afirmó.

Oriundo de Mendoza, el violonchelista Juan Sebastián Delgado desarrolló una sólida trayectoria que incluyó formación en Italia, Estados Unidos y Canadá.
Ganador del Primer Premio del Festival Latinoamericano de Violonchelo y distinguido con el Premio Opus 2024 al Artista del Año, combina su labor artística con la docencia y la investigación.
Acaba de presentar "Escualo", primer single de su disco próximo a editarse "Tangos Imaginarios", disco homenaje a Carlos Gardel y a Astor Piazzolla con versiones de tango instrumental de atmósferas contemporáneas.
El álbum, que será lanzado en mayo, cuenta con la participación de Gustavo Beytelmann, Daniel "Pipi" Piazzolla, Marcelo Nisinman, Philippe Cohen Solal (Gotan Project) y Federico Díaz.
En una entrevista, Delgado habló del sentido artístico de "Escualo" como puerta de entrada a "Tangos Imaginarios". Del cruce tradición y ruptura. Y del homenaje personal a Gardel y Piazzolla, construido desde la propia voz.
-¿Por qué elegiste "Escualo" como primer adelanto de Tangos Imaginarios y qué representa esta obra dentro del disco?
-Este primer single tiene un significado muy especial y creo es una buena forma de entrar en el mundo sonoro de mi nuevo disco. "Escualo" siempre me cautivó por su fuerza rítmica y su virtuosismo, dos rasgos esenciales en la música de Astor.
Me acuerdo de descubrir esta pieza en Mendoza, mi provincia natal, con el grupo de tango de mi profesor de cello Néstor Longo, que hacían sobre todo música instrumental y de Piazzolla, y recuerdo estar absorbido desde las primeras notas, por ese groove, esa energía y vitalidad.
También ha sido una obra que la he tocado mucho en cello y piano, arreglada luego para cello y marimba, cello solista y ensamble de cellos con la que hice la premiere en agosto en el Festival Internacional de cellos de Quito en Ecuador.
Entonces, con este recorrido, que "Escualo" esté presente en el disco es realmente significativo por muchos aspectos, y sobre todo por ser un arreglo original mío.
-En esta versión el cello ocupa un lugar central y dialoga con batería y guitarra eléctrica. ¿Qué te interesaba explorar con esa formación poco habitual para el tango?
-Este arreglo tiene una dimensión histórica importante. En primer lugar, la voz solista la tiene el cello. Para este arreglo, me inspiré en la versión para cello y piano de José Bragato, gran colaborador de Astor y cellista histórico del tango.
En segundo lugar, la formación de este trío poco convencional, batería, guitarra eléctrica y cello, nos transporta a los orígenes mismos del tango nuevo con el Octeto Buenos Aires del 55.
Con esta formación, Piazzolla rompió con todos los esquemas tradicionales incorporando dos instrumentos entonces insólitos, el cello y la guitarra eléctrica, abriendo así nuevas sonoridades para el género.
En este arreglo, con la batería, pudimos tener un ancla rítmica súper fuerte con colores muy hermosos, que me permitía tener mayor libertad para frasear las ideas musicales, y la guitarra creaba un puente sonoro entre los colores del cello, instrumento acústico, y la batería que tiende a ser más agresiva.
-La improvisación tiene un rol muy marcado ¿Qué te permite a la hora de reinterpretar a Piazzolla?
-Este arreglo inédito, con elementos de improvisación idiomática y libre, tanto en la apertura como en la sección central, abre un espacio en donde los tres instrumentos dialogan de manera orgánica, interactuando entre sí, y da lugar a una versión distinta, más refrescante y colorida.
Evidentemente, la improvisación en el contexto del tango, y su historia, es un tipo de improvisación mucho más sutil y de alguna manera limitada, porque no se puede hacer cualquier cosa. De alguna forma, toda improvisación parte de esquemas ya pre establecidos y estructurados, como en el jazz, como ejemplo.
A la hora de repensar la música de Piazzolla, y gracias justamente a tener un trío menos convencional con instrumentos que provienen de historias y contextos muy distintos, esto nos permitió una búsqueda a través de la improvisación con ideas que ya estaban escritas en la música.
Como resultado, sin irse completamente del material de base de la composición original, a través de la impro, podemos aportar ideas refrescantes y nuevas que, en mi opinión, aportan a tener un acercamiento distinto a esta obra.
-El disco rinde homenaje a Gardel y a Piazzolla desde una mirada muy personal. ¿Cómo fue el proceso de encontrar tu propia voz dentro de un repertorio tan emblemático?
-Es siempre un proceso muy difícil de rendir homenaje de una forma personal, con arreglos propios (y de otros compositores que participaron en este disco, como Beytelmann o Nisinman, grandes figuras del género).
Sobre todo cuando hablamos de dos personas tan importantes, iconos argentinos pero ya universales, gente que pudo, en su vida, tener un impacto tan fuerte que su música hoy es interpretada en todo el mundo por todo tipo de gente y de todas las formas posibles.
La inspiración fue un factor muy grande en el proceso creativo, de saber que estoy colaborando con un equipo que nunca podría haber soñado, y que esta gente me dio el espacio y la confianza para poder experimentar y crear. A veces a partir de la improvisación, otras en un estudio de grabación viendo a donde íbamos y otras estudiando una partitura compleja.
Me gusta pensar que uno también aprende, busca, y eventualmente encuentra su propia voz en el mismo proceso. Todo parte de una idea, una emoción, un pensamiento, y luego, en el proceso de creación, las cosas van tomando forma, se van materializando y es ahí que todo empieza a tomar sentido, donde esa energía se vuelve tangible.
Creo que el disco en su totalidad es una buena representación de quien soy como músico y como persona. Esto no es siempre fácil, porque es buscar también la honestidad con uno mismo, y desde ese punto de vista me siento más que satisfecho.
-Grabaste "Escualo" junto a Pipi Piazzolla y Federico Díaz, músicos con los que tenés un vínculo cercano. ¿Qué aportó ese encuentro humano y musical a esta versión?
-En un plano más personal, este tema fue grabado en Buenos Aires, capital del tango, junto a dos músicos extraordinarios, el baterista y nieto de Astor, Daniel Pipi Piazzolla, y mi amigo mendocino, el guitarrista Federico Díaz, compañero desde nuestra infancia.
Ambos compartimos un profundo amor por la música de Astor y una afinidad especial por esta obra, quizá menos conocida dentro del canon piazzolliano, pero llena de una fuerza y energía singular que nos unió para crear esta nueva versión.
Curiosamente, cada uno de nosotros tres, en caminos distintos y paralelos, siempre estuvimos enchufados en el mundo sonoro de Piazzolla, repensado a nuestra forma, nuevas ideas sobre como tocar esta música que tanto nos inspira.




