Es fácil entrevistar a Roberto Schneider. Basta poner en juego una o dos ideas y a partir de ahí hilará un concepto tras otro con la misma precisión que demuestra en sus críticas teatrales, que desde hace más de treinta años ponen el foco en la producción de los artistas locales. La charla es telefónica y no como a él le gustaría, presencial, café de por medio y con bullicio alrededor. Pero estas son la circunstancias que impone la pandemia del coronavirus y la consecuente cuarentena. El crítico, docente y ex prosecretario de Redacción de El Litoral repetirá varias veces “miedo” e “incertidumbre”, casi pidiendo disculpas por pronunciar esas dos palabras tan poco frecuentes en su cotidianeidad, expansiva y optimista. Pero también hablará del valor de la reflexión, de la fuerza del hecho teatral para superar los momentos más oscuros y sobre todo de su confianza en el trabajo colectivo para iluminar este tramo sombrío de la historia.


































