Con una calculadora, un poco de tiempo y algo de sentido común no resultaría difícil encontrar cien huecos (incluso cráteres) en el guión de “Terminator” (1984). Pese a todo, el film se convirtió en un clásico del género de ciencia ficción, consolidó la carrera de Arnold Schwarzenegger (para bien o para mal), hizo de James Cameron uno de los directores más reputados de Hollywood, condición que llegaría hasta su cima en “Titanic” (1997). Construyó un perfil novedoso de heroína de acción bajo la fisonomía de Linda Hamilton. Y, por sobre todo, creó un universo ficcional que se hizo popular y consistente en el tiempo. Una idea absurda, basada en robots monosilábicos programados para matar gente y paradójicos viajes en el tiempo para alterar destinos, se convirtió en una de las más rentables de la historia del cine. Al punto que, a fines de octubre, llegará una nueva entrega de esta saga: “Terminator: Destino oculto”.


































