El estudio de una pequeña parte de los 121 gramos de muestras traídas del asteroide Bennu por la misión OSIRIS-REx de la NASA ha permitido realizar un descubrimiento tan sorprendente como inesperado. Muchos de los fragmentos recuperados de la cubierta del asteroide contienen minerales que denotan el pasado acuoso del mundo del que procede.




































