David Hole realizaba una búsqueda de oro con un detector de metales en Australia cuando encontró una pieza rojiza, de gran peso y con una apariencia diferente a las rocas que conocía. Al levantarla, creyó que podía tratarse de una pepita de oro de gran tamaño, por lo que decidió trasladarla hasta su casa para intentar comprobar qué había en su interior.



































