La noticia llegó desde el agua, pero impactó en tierra firme. Frente a Comodoro Rivadavia, en el Golfo San Jorge, la ballena sei volvió a dejarse ver y, sobre todo, a dejarse identificar. Un regreso que combina ciencia, memoria ambiental y un futuro turístico posible, siempre que el entusiasmo no corra más rápido que el cuidado.


































