La tradición de celebrar el Día de la Marmota tiene orígenes religiosos. Su origen se remonta a cientos de años en Europa, el día de la Candelaria, cuando, según una tradición cristiana, se repartían velas bendecidas que encendían los creyentes. Se creía que tendrían un invierno largo si el cielo se despejaba. Esta tradición la incorporaron los alemanes, quienes determinaron que si ese día había sol y un erizo podía ver su sombra, era indicio de que el invierno se extendería unas seis semanas más.


































