El Dr. Carlos Felice analiza el Ciclo Errático de las Políticas Públicas en el Laberinto Sanitario Argentino
El sistema de salud argentino no avanza en línea recta: se mueve entre superposiciones, tensiones políticas, urgencias coyunturales y profundas desigualdades territoriales. En este análisis, el Dr. Carlos Felice recorre el llamado policy cycle para demostrar por qué, en nuestro país, las políticas sanitarias rara vez siguen un camino ordenado y por qué comprender su carácter errático resulta clave para pensar una gobernanza más realista, federal y efectiva.
El Dr. Carlos Felice analiza el Ciclo Errático de las Políticas Públicas en el Laberinto Sanitario Argentino
El análisis de las políticas públicas encuentra en el concepto de policy cycle un andamiaje analítico esencial para desentrañar el tortuoso camino que recorre una idea desde su concepción hasta su materialización e impacto. En el ámbito de la salud, este marco cobra una relevancia superlativa, dada la intrincada red de instituciones, actores y jurisdicciones que componen los sistemas sanitarios. Sin embargo, aplicar este modelo secuencial al sistema de salud argentino no es tarea de una simple transposición; exige una profunda contextualización debido a su naturaleza federal, fragmentada y de composición mixta.
La concepción tradicional del ciclo, que traza una línea pulcra a través de la identificación del problema, la formulación, la toma de decisiones, la implementación, la evaluación y la retroalimentación , se desvanece al confrontarse con la realidad argentina. Aquí, las fases no se suceden de forma lineal ni con una uniformidad deseable, sino que se superponen caóticamente, se interrumpen abruptamente o se ven forzadas a redefinirse ante la constante irrupción de factores políticos, vicisitudes económicas o la marcada disparidad territorial.
La Agenda: De la Evidencia a la Visibilidad
La identificación de los problemas sanitarios en Argentina es un proceso dual. Si bien la fría evidencia epidemiológica aporta los datos duros, la inclusión de un tema en la agenda pública se define, en gran medida, por un proceso de construcción social. La magnitud de un problema de salud no garantiza su primacía en la agenda; lo que realmente impulsa su entrada es su visibilidad y su capacidad de movilización. Es en esta etapa donde se cruzan la presión mediática, la dolorosa judicialización de la atención, los reclamos gremiales y el cálculo de costos políticos que implica ignorar ciertas condiciones de salud. La necesidad, en este estadio, se mide tanto por las cifras como por la presión.
La Formulación: La Tensión entre Rectoría y Autonomía
Al pasar a la formulación de políticas, se pone en evidencia la tensión estructural del sistema: la convivencia entre la rectoría del nivel nacional y la arraigada autonomía de las provincias. El Ministerio de Salud de la Nación, aunque estratégico en el diseño de programas marco y lineamientos, debe navegar un complejo entramado de negociación. La formulación se ve constantemente acotada por la imperiosa necesidad de lograr consensos federales, por las limitadas y variables disponibilidades presupuestarias, y, crucialmente, por las heterogéneas capacidades institucionales de las jurisdicciones subnacionales. El resultado son políticas concebidas a menudo bajo supuestos de implementación optimistas que, al chocar con la realidad provincial, quedan en entredicho.
La Decisión y la Implementación: El Peso de lo Negociado y lo Territorial
La toma de decisiones en el sistema sanitario argentino es un arte de la negociación, más que un acto jerárquico. Instancias como el Consejo Federal de Salud (COFESA) son el verdadero crisol político donde las políticas nacionales deben ganarse su validez efectiva. Una decisión formalmente adoptada solo cobra vida si las provincias se adhieren y la adaptan a sus contextos específicos. Por lo tanto, el grado de implementación real se vuelve variable y descentralizado.
Es precisamente la implementación la fase crítica y definitoria. Las profundas desigualdades territoriales —en infraestructura, recursos humanos y capacidad de gestión— convierten esta etapa en un potente filtro. La política que finalmente se ejecuta en un hospital municipal con escasos recursos difiere, muchas veces radicalmente, de la política originalmente diseñada en la capital. La implementación, lejos de ser una mera operacionalización, redefine la política de facto.
La Evaluación y la Retroalimentación: Un Ciclo Interrumpido
En cuanto a la evaluación, el sistema adolece de una institucionalización débil y discontinua. Los esfuerzos evaluativos tienden a enfocarse en indicadores de gestión o de cobertura, dejando de lado la medición fundamental del impacto sanitario y la equidad. Un factor agravante es el habitual quiebre de las series de datos y los mecanismos de aprendizaje institucional que se produce con cada cambio de gestión gubernamental. Esta discontinuidad debilita intrínsecamente la retroalimentación del ciclo.
Finalmente, la retroalimentación y reformulación de las políticas rara vez actúa como un cierre ordenado del proceso. Suele ser reactiva, impulsada por la urgencia de una crisis sanitaria, la presión de un fallo judicial o una súbita variación en la prioridad política. Más que cerrar una etapa, estas instancias tienden a reabrir el ciclo de forma abrupta, resultando en reformulaciones parciales, una superposición de programas o reemplazos nominales que carecen de una evaluación exhaustiva previa que los justifique.
En conclusión, el policy cycle aplicado al sistema de salud argentino debe ser concebido no como un modelo normativo, sino como la cartografía de un proceso dinámico, intrínsecamente no lineal y severamente condicionado por lo territorial y lo político. Superar la visión ingenua del diseño de políticas y centrar el análisis en el peso explicativo de la implementación y el contexto federal es indispensable para lograr una comprensión más realista y profunda de la compleja gobernanza sanitaria en el país.