En su conjunto, los relieves de Chalcatzingo abordan rituales sobre fertilidad o peticiones de lluvia. Muestran animales, plantas, gobernantes o figuras de autoridad, que generan viento o hacen caer el agua del cielo. El Museo Nacional de Antropología, de la capital mexicana, exhibe una réplica del Monumento 9, cuya iconografía tiene connotaciones religiosas. Presenta el rostro de un ser con las fauces abiertas, de manera cruciforme, un rasgo olmeca. Tiene ojos oblicuos y bromelias -plantas de la localidad- en las esquinas, hace alusión a la víbora o el jaguar, el mamífero más feroz, el más temido de Mesoamérica. Córdova Tello describe que se trata "de la montaña con una cueva al centro, es decir, la entrada al inframundo”, tan importante para los pueblos mesoamericanos. "Los animales van al inframundo, se los traga la tierra y, de repente, vuelven a nacer”, lo cual podría tener relación con la salida del sol y la caída de la noche. El arqueólogo, quien considera que los análisis científicos permitirán conocer más al respecto, plantea otra interrogante: cómo los chalcatzingas, un pueblo que hacía pequeñas figurillas de barro, pudieron crear una escultura monumental sin haber tenido metales como el hierro.