Durante años fue uno de los episodios más singulares y complejos que se han visto en el circuito del arte latinoamericano. Una historia enrevesada que fue sumando giros y sorpresas para llegar a transformarse incluso en algo parecido a un impasse diplomático entre Chile y Argentina. Así al menos lo ha consignado la prensa del otro lado de la cordillera, que por mucho tiempo recogió profusamente los reclamos de los herederos del pintor trasandino Ernesto Deira (1928, Buenos Aires - 1986, París) contra las autoridades chilenas y particularmente contra el Museo de Arte Contemporáneo, institución a la que incluso llegaron a acusar en algún momento de “robo” y de apropiarse ilegalmente de una de las obras más célebres de su padre.
































