En un movimiento que marca un antes y un después para la geopolítica económica de la región, el Congreso de Brasil promulgó este martes el acuerdo de libre comercio entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE).
En una sesión solemne en Brasilia, el legislativo brasileño dio el paso final para la puesta en marcha del histórico tratado. Regirá de forma provisional y gradual desde el 1° de mayo de 2026.

En un movimiento que marca un antes y un después para la geopolítica económica de la región, el Congreso de Brasil promulgó este martes el acuerdo de libre comercio entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE).
El acto, realizado en una sesión solemne conjunta en Brasilia, representa el cierre de un ciclo legislativo fundamental para que el tratado —firmado en enero pasado tras 25 años de negociaciones— comience a rodar en el gigante sudamericano.
La ceremonia contó con la presencia de las máximas autoridades del Poder Legislativo brasileño, el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, y su par de la Cámara de Diputados, Hugo Motta.
También participaron figuras clave del Ejecutivo, como el vicepresidente Geraldo Alckmin y el canciller Mauro Vieira, subrayando la prioridad que la administración de Luiz Inácio Lula da Silva ha otorgado a este proceso de apertura comercial.
Aunque el camino hacia la plena implementación aún enfrenta trámites en el Viejo Continente, el acuerdo tiene una hoja de ruta clara para su inicio. Según lo dispuesto, el tratado entrará en vigor de manera gradual y provisional a partir del 1° de mayo de 2026.
Es importante destacar que, mientras en Sudamérica los procesos avanzan con celeridad, en Europa el Parlamento decidió en enero enviar el texto al Tribunal de Justicia del bloque para una evaluación técnica que podría demorar hasta dos años.
No obstante, las cláusulas del acuerdo establecen que las reglas comerciales comenzarán a tener validez de forma inmediata entre las partes que ya hayan ratificado el texto, lo que acelera el intercambio de bienes bajo el nuevo marco legal.
El corazón del tratado, sellado definitivamente el pasado 17 de enero en Paraguay, apunta a una integración sin precedentes. Se prevé la reducción o eliminación progresiva de aranceles que afectan a más del 90% del intercambio comercial entre ambos bloques.
Esto no solo beneficia a las exportaciones agrícolas sudamericanas, sino que también abre la puerta a productos industriales, inversiones y nuevos estándares regulatorios.
El acuerdo busca conectar un mercado global de más de 700 millones de personas, potenciando el flujo de capitales y mercancías. Para Brasil, este paso es la culminación de un intenso debate parlamentario que terminó de destrabarse en el Senado el pasado 4 de marzo, luego de recibir luz verde en la Cámara de Diputados.
Consciente de los desafíos que la apertura puede representar para ciertos sectores manufactureros, el Gobierno brasileño ya ha instrumentado herramientas de control. A principios de este mes, el presidente Lula da Silva firmó un decreto que regula las salvaguardias bilaterales.
Este mecanismo técnico es vital: permite aplicar medidas temporales de protección, como el incremento de aranceles o la limitación de cupos de importación, en caso de que un aumento súbito de productos europeos ponga en riesgo la estabilidad de la industria local.
Con esta red de contención, Brasil se prepara para competir en las grandes ligas del comercio mundial, buscando un equilibrio entre la apertura económica y la defensa del empleo nacional.




