Benedicto XVI se dio hoy un baño de multitudes... y de agua.
Después de un día de sofocante calor, la lluvia y el viento irrumpieron con fuerza en el aeródromo de Cuatro Vientos en Madrid, donde un auténtico mar humano repartido por una superficie equivalente a 48 campos de fútbol se congregó para participar en una vigilia de oración con el jefe de la Iglesia Católica y asistir este domingo a la misa de conclusión de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).
Ya llegada la noche, la agresiva tormenta hizo que se volara el solideo blanco del papa y se viniera al suelo la cruz conmemorativa de la JMJ, regalada por Juan Pablo II a los participantes en el primer evento juventud católico celebrado en 1984.
Los ayudantes del papa se apresuraron a cubrirlo hasta con cuatro grandes paraguas blancos para protegerlo de la lluvia mientras éste permaneció en silencio durante minutos, aunque ni con ello evitaron que los papeles de su homilía acabaran empapados.
Otros tantos paraguas blancos y amarillos -los colores de la bandera vaticana- se abrieron en el escenario de grandes dimensiones desde el que seguían el acto también decenas de autoridades eclesiásticas y civiles, entre otros los principes Felipe y Letizia.
Pero el ánimo de los presentes no menguó por el fuerte aguacero. Después de registrarse durante el día temperaturas de hasta 40 grados, los peregrinos se levantaron aliviados de sus asientos en los momentos de más intensa lluvia y comenzaron a saltar y gritar ‘esta es la juventud del papa‘ y ‘viva el papa, viva el papa, oé‘.
‘Sabemos que habeis pasado mucha sed esta tarde y necesitábais algo de agua‘, bromeó el director ejecutivo de la JMJ, Yago de la Cierva, dirigiéndose a los presentes. ‘Vamos a esperar un poco a ver si amaina. Si rezamos un poco se agradecerá‘, añadió el seglar perteneciente al Opus Dei.
‘Queridos amigos, gracias, gracias por vuestra alegría y resistencia‘, dijo el papa una vez cesó la lluvia, desatando el aplauso de los presentes. ‘Nuestra fuerza es mayor que la lluvia. El Señor con la lluvia nos manda muchas bendiciones‘.
En lugar de continuar con su discurso, el papa se decidió por saludar a los presentes en francés, inglés, alemán, italiano, portugués y polaco e iniciar la adoración de la eucaristía.
En medio de aplausos, una enorme custodia ascendió automáticamente desde el suelo del escenario, obra del artista Ignacio Vicens y presidido por un arbol artificial de 17 metros de alto. La por el contrario ruidosa multitud rezó entonces durante minutos en profundo silencio, hasta que el papa concluyó el acto bendiciendo a los peregrinos con la forma eucarística, mientras la lluvia volvía por momentos.
‘Queridos jóvenes, hemos vivido una aventura juntos. Firmes en la fe en Cristo habeis resistido a la lluvia‘, dijo Joseph Ratzinger al despedirse. ‘Gracias por el sacrificio que estais haciendo. Nos vemos mañana si Dios quiere. Os espero a todos. Os doy las gracias por el maravilloso ejemplo que habeis dado‘, agregó el pontífice, quien regresará mañana por la mañana al lugar.
Los peregrinos acudieron a Cuatro Vientos, en el extrarradio sur de Madrid, con sacos de dormir y tiendas de campaña para pasar la noche al aire libre antes de participar mañana en la misa de clausura de la JMJ, que durante toda esta semana ha convertido a Madrid en la capital mundial de la juventud católica. La organización habilitó 30 capillas en el lugar para que quien lo desee pase la noche en oración.
Superando todas las previsiones de asistencia, según la organización del macroevento católico, hasta dos millones de fieles se congregaron en el complejo aeroportuario para asistir a los actos con el pontífice, en el mismo escenario en el que su predecesor Juan Pablo II celebró una multitudinaria misa en su último viaje a España en 2003, dos años antes de morir. Medios locales hablaban de más de un millón de personas.
Los peregrinos comenzaron a llegar en horas de la mañana para asegurarse los mejores lugares. Pronto, Cuatro Vientos se convirtió en un mar de color en el que ondeaban banderas de numerosos países, de entre las casi 200 naciones representadas en la JMJ.
Ante el sol y el intenso calor registrado durante el día y la ausencia de lugares de sombra, camiones cisterna atravesaban la multitud echando agua sobre los jóvenes. Hasta media tarde los equipos médicos atendieron a más de 800 personas, sobre todo por lipotimias, desmayos e insolaciones. Según la organización, la posterior tormenta dejó al menos siete heridos, por caídas o al desprenderse carpas por la lluvia y el viento.
Debido a la gran afluencia de público, los equipos de seguridad cerraron a última hora el acceso al aeródromo dejando a cientos de personas afuera del complejo, de 120 hectáreas. Al haberse completado el aforo, la JMJ invitó a los que no pudieron entrar a seguir la misa de mañana a través de pantallas gigantes colocadas en el estadio Vicente Calderón, sede del Atlético de Madrid.
Fuente: DPA
































