Por Fernando Heller - DPA
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea (UE) se reunirán mañana en Bruselas con un gran rompecabezas entre las manos: “¿cómo forzar la salida del dictador libio, Muamar al Gadafi, utilizando medios contundentes, incluidos los militares, pero sin esquivar la legalidad internacional?.”
Mientras Gadafi hace oídos sordos ante la superabundancia de llamamientos de la comunidad internacional, entre ellos de la jefa de la diplomacia comunitaria, Catherine Ashton, para que Trípoli frene la represión contra los civiles alzados contra la opresión, Washington, Bruselas y la alianza atlántica analizarán mañana “todas las opciones” sobre la mesa para frenar las masacres.
“Pedimos a Gadafi que se vaya para que el pueblo libio pueda elegir al gobierno que desee”, afirmaba el ministro británico de Asuntos Exteriores, William Hague. En París, el presidente galo, Nicolas Sarkozy, se muestra tajante: “¡Que se marche!”.
Pero el dictador libio ignora completamente la semántica diplomática de la comunidad internacional. Tampoco parece preocuparle lo más mínimo que la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya le investigue por crímenes contra la humanidad por la represión y muerte de cientos de civiles desde que se iniciaron la revueltas, a mitad de febrero pasado.
Ante su actitud despectiva, Europa y la OTAN estudian ahora la manera pasar del capítulo de la diplomacia, que está resultando a la postre estéril, al de la antesala de las acciones militares, prebélicas u semihostiles, según se prefiera.
Y es que, hasta la fecha, la única respuesta de Gadafi a los comunicados de prensa de Ashton y del presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, han sido más ataques contra los opositores. El dictador libio, inmerso ya en una estrategia belicista, acusa a Occidente de estar gestando un “un complot colonialista” contra su país.
Precisamente son Londres y París, con apoyo de Washington, los abanderados de una posible nueva resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que aparatos de la OTAN (como los aviones radar AWACS) puedan establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia que impida que la aviación leal al dictador pueda seguir con sus bombardeos contra los civiles.
Con el objetivo de intentar desentrañar las compejas ecuaciones en que se ha convertido la crisis, que ha degenerado en guerra civil entre facciones leales y contrarias al dictador, los ministros de Asuntos Exteriores de la UE se dan cita este jueves en Bruselas para analizar la posibilidad de aplicar nuevas sanciones contra el régimen de facto en el país norteafricano, tras las impuestas el mes pasado.
Alternativas
Por su parte, los ministros de Defensa de la OTAN también dialogarán en la sede de la alianza, en la capital belga, para pergeñar detalles de un plan de acción centrado, precisamente, en ese posible bloqueo aéreo del país. No obstante, según reiteró hasta la saciedad el secretario general de la alianza, Anders Fogh Rasmussen, el bloque militar sólo está dispuesto a llevar a cabo esa medida con el apoyo explícito de Naciones Unidas.
Ambas reuniones desbrozarán el camino para que los jefes de Estado y gobierno de la UE que se dan cita este viernes en Bruselas puedan, llegado el caso, aprobar o nuevas sanciones europeas contra Libia o preparar el terreno a la formación de una “coalición internacional” contra Trípoli que, con legitimación de la ONU, pueda quizás establecer esa zona de exclusión aérea u otras medidas drásticas.
De momento, los esfuerzos diplomáticos entre bastidores parecen centrados en doblegar las últimas resistencias de China y Rusia ante el Consejo de Seguridad de la ONU para que se puedan concretar los detalles de la operación “de tenaza” para mantener clavados en el suelo a los cazabombarderos libios leales a Gadafi.
La OTAN ha dejado claro que no pretende lanzar ataques como los que se realizaron en 1999 (con misiles) en Serbia para frenar el “genocidio” de la población albanokosovar a manos de las tropas del ya fallecido presidente serbio Slobodan Milosevic, los cuales no tuvieron cobertura legal de Naciones Unidas.
Fuentes diplomáticas de la alianza, que solicitaron el anonimato, aseguraban hoy que esa medida de fuerza equivaldría a un “casus belli” muy claro para Trípoli: en la práctica Gadafi podría, de hecho, sentirse “legitimado” para responder militarmente a esa “agresión” de su espacio aéreo soberano.
Mientras la diplomacia se estanca, las masacres prosiguen y la crisis humanitaria en la frontera entre Libia y Túnez se agrava cada día, amenazando con convertirse en un nuevo éxodo. Por ello, también la OTAN estudia qué medidas podría tomar en el caso, por ejemplo con un “puente aéreo” para evacuar a los refugiados que huyen de la zona.
Sea como sea, para Europa -y por extensión Occidente- parece haber llegado el momento de dejar la diplomacia de lado y actuar.
































