Varios perros fueron llevados a la ceremonia, incluyendo el de la familia Bolsonaro, Néstor, así como un pitbull cuyas patas traseras fueron cortadas con un machete en julio en una ciudad del sureste de Brasil. “Nunca tuve dudas de si iba a sancionar o no, hasta porque supe de la aprobación en el Congreso por la primera dama”, dijo Bolsonaro sonriendo y mirando casi con culpa a su esposa, presente en el acto en el que estampó su firma en la ley con su perro en brazos, pese a que el can no parecía sentirse muy a gusto. “Se llena así una laguna sobre el maltrato a los animales, una cosa inenarrable que hacen otros animales que se creen racionales”, declaró el gobernante.