En las distintas aristas sociales, drásticas y fatales que se presentan – con mayor o menor profundidad - se presenta una caracterización de lo que El Salvador decidió dejar atrás. La opción para representar ese fuerte giro político y social, ya en el plano de la realidad, fue el joven Nayib Bukele, que era alcalde de la capital salvadoreña y se impuso con más del 53% de los votos en primera vuelta. Junto a su equipo de gobierno, dejó atrás electoralmente a los representantes de izquierda y de derecha tradicionales, para traducir la voluntad popular en firmes medidas que buscan erradicar la corrupción, inseguridad y las drogas, al tiempo que intenta que la defensa del Estado priorice cuidar a las víctimas, por sobre los victimarios.