Por momentos, la roca parecía quedarse bloqueada, dado que por su tamaño ejercía de presa de contención natural y hacía que los canales adyacentes se desbordaran. En su avance, la colada prácticamente erigió una pared. El arrastre de semejante bloque se debe a la viscosidad de la lava, muy densa en realidad, y también a su altura. El comportamiento errático ‒o cuanto menos impredecible‒de las coladas de lava se debe también a la presencia de estas rocas arrojadas por el volcán. Como explica el vulcanólogo Vicente Soler, este tipo de bloques a menudo taponan los canales lávicos de salida, produciéndose desbordamientos en otras direcciones.