Después de la Operación Primicia, Montoneros no dejó que el episodio circulara únicamente a través de los diarios nacionales, los comunicados oficiales o la reacción del gobierno.
Tras el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 de Formosa, Montoneros difundió su propia lectura del hecho en la revista clandestina Evita Montonera, donde presentó la acción como un triunfo militar y político, pese al alto costo humano y operativo.

Después de la Operación Primicia, Montoneros no dejó que el episodio circulara únicamente a través de los diarios nacionales, los comunicados oficiales o la reacción del gobierno.
La organización también elaboró su propio relato y lo publicó en Evita Montonera, su revista clandestina de propaganda, formación política e instrucción militar. Allí, el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 de Formosa fue presentado como una acción planificada, coordinada y exitosa del llamado Ejército Montonero.
La publicación tuvo una función central: disputar el significado público del hecho. Mientras los principales diarios del país destacaban la conmoción por la muerte de soldados conscriptos y el ataque a una unidad militar durante un gobierno constitucional, Montoneros buscó imponer otra lectura.
En su versión, la operación debía ser entendida como una demostración de capacidad organizativa, movilidad territorial y decisión política para enfrentar directamente a las Fuerzas Armadas.
La edición de octubre de 1975 de Evita Montonera colocó a Formosa en el centro de su narrativa. En la digitalización disponible de ese número aparece el encabezado que presentaba el hecho bajo la fórmula “Formosa: victoria del Ejército Montonero”, una definición que marcaba desde el título la intención de leer la operación como un éxito, no como una retirada costosa ni como un fracaso táctico parcial.
Ese encuadre respondía a una necesidad política inmediata. La operación había dejado un saldo elevado de muertos, incluidos soldados conscriptos, personal militar y policial, civiles ajenos al enfrentamiento e integrantes de Montoneros.
Durante el ataque, la organización perdió al menos 12 combatientes de su estructura armada. Por eso, la revista buscó transformar el saldo adverso en una épica de combate. En vez de admitir el impacto de las bajas propias como una señal de error, la publicación destacó la complejidad del operativo: el secuestro del Vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas, el copamiento del aeropuerto El Pucú, el ataque al regimiento y la fuga aérea posterior. Esa secuencia era presentada como prueba de coordinación y audacia.
El relato montonero insistió en que la complejidad de la operación no respondía a una búsqueda de espectacularidad, sino a una necesidad logística.
En la revista se explicó que Formosa planteaba un problema geopolítico para la organización: estaba lejos de los centros donde Montoneros tenía mayor trabajo político y no ofrecía una retaguardia cercana para una acción de esa escala.
En ese punto, la publicación hizo foco en las fases del operativo. El traslado de combatientes y armamento, la toma del avión, el control del aeropuerto, la necesidad de combustible, el lugar de aterrizaje final y la dispersión posterior aparecían como partes de un mismo engranaje.
El uso del lenguaje era clave. Evita Montonera no hablaba como un medio informativo tradicional. Su registro era militarizado, doctrinario y propagandístico.
Los protagonistas propios eran “compañeros”; las bajas propias eran presentadas en clave de sacrificio; el enemigo era definido como parte del aparato represivo; y el operativo era narrado como el bautismo de una fuerza armada que pretendía actuar con lógica de ejército. Esa construcción discursiva buscaba reforzar identidad interna y legitimidad política.
Uno de los puntos más sensibles de la publicación fue el balance del resultado. En la publicación, Montoneros afirmó haber capturado alrededor de “medio centenar” de fusiles FAL, mientras que reconstrucciones históricas y militares posteriores fijaron la cifra real en 18 fusiles.
La discusión sobre las cifras no era secundaria. La captura de armamento había sido uno de los objetivos centrales del ataque. Presentar un botín mayor permitía justificar el riesgo asumido, sostener la moral interna y proyectar hacia sus militantes la idea de que la operación había cumplido su propósito. En cambio, una cifra menor debilitaba ese relato, porque dejaba en evidencia la desproporción entre el costo humano y el resultado logístico.
La publicación en Evita Montonera formó parte de una batalla discursiva más amplia. El lunes posterior al ataque, los grandes diarios nacionales habían colocado el hecho en portada y lo presentaron como una conmoción institucional.
En general, esa prensa enfatizó el repudio al ataque, la muerte de conscriptos y la necesidad de una respuesta estatal severa.
Montoneros respondió desde otro registro. La revista no intentó ofrecer una crónica neutral, sino construir un parte político-militar. La operación fue presentada como una señal de fortaleza, una prueba de coordinación nacional y un salto cualitativo en la confrontación con las Fuerzas Armadas. En esa narración, el ataque no aparecía como un hecho aislado, sino como parte de una estrategia de guerra revolucionaria.
La forma en que Montoneros publicó la Operación Primicia en Evita Montonera permite observar cómo las organizaciones armadas de los años setenta no solo combatían en el terreno militar, sino también en el terreno simbólico.
La revista fue usada para ordenar el relato, fijar héroes propios, minimizar contradicciones y transformar una operación de alto costo en una pieza de propaganda.




