Durante años, el maquillaje hiperdefinido dominó pasarelas, redes sociales y rutinas diarias. Contornos marcados, cejas perfectamente delineadas y labios de bordes nítidos se convirtieron en sinónimo de prolijidad y perfección. Sin embargo, en el último tiempo comenzó a ganar fuerza una tendencia que propone lo contrario: el blurring, una estética basada en el efecto difuminado, suave y etéreo.


































