Por Victoria Cuello
Candela Valentina Gómez y Eliana Sosa crearon “Más Arte”, un espacio de café, cerámica y encuentro que invita a cualquier persona a expresarse sin necesidad de experiencia artística. Un proyecto que combina creatividad, comunidad y disfrute del proceso.

Por Victoria Cuello
Candela Valentina Gómez (25) y Eliana Sosa (24) son las creadoras y emprendedoras de un proyecto que surge del interés por generar un espacio de expresión, café y encuentro a través de la cerámica. En este diálogo, cuentan cómo nació la iniciativa y qué implica sostenerla día a día, en tiempos en donde emprender no es algo sencillo.
Candela, además, trabaja en el área administrativa de un hospital y dicta clases de danzas folklóricas, mientras que Eliana se dedica de lleno al emprendimiento, ocupándose de su funcionamiento cotidiano. Juntas impulsan una propuesta que pone el foco en la producción artística y en la construcción de comunidad, en una ciudad en donde este tipo de iniciativas comienza a ganar lugar.
1. Emprender entre dos no siempre es fácil. ¿Cómo se reparten los roles y cómo toman las decisiones juntas?
Candela: Nosotras no decidimos... [risas]. Nos cuesta muchísimo ponernos de acuerdo, es la realidad. Pero bueno, lo tenemos que hablar y capaz que cambiamos de plan un montón de veces. Lo importante es siempre tratar de llegar a algún acuerdo y hacerlo. Porque llegar a un acuerdo y no hacerlo ni implementar lo que pensamos no tiene sentido, no nos gusta que las cosas queden en la nada.
2. ¿Cómo describirían a su espacio y emprendimiento actual en tres palabras?
Candela: Tranquilo, creativo e inspirador. Desde el inicio buscamos generar un espacio que invite a bajar el ritmo y conectarse con lo que cada uno quiere hacer. En lo personal, es un lugar que me da mucha tranquilidad y me motiva a crear. Colorido también es [risas].
3. ¿Cómo surgió este proyecto de “Más Arte”?
Candela: Sí, mirá, nosotras hicimos un viaje a Rosario y pudimos ir a un evento artístico. Nos gustó muchísimo la idea, pero en ese momento como que yo, por lo menos, no pensé en ningún momento en traer algo así acá. Un par de meses después, me recibí de profesora de Folklore y enseguida arrancamos con un emprendimiento de velas. Alquilábamos un puestito en la Plaza Constituyentes y empezamos con eso, pero siempre tratando como de emprender, de hacer otras cosas. Ella vendía otros productos también, teníamos las dos cosas. Y un día, no sé, a Eli se le dio por decirme, de la nada, que le gustaría hacer algo como la “Fluo Night” acá, o sea, un evento con pinturas flúor. Y pensé: "¿Qué vamos a hacer? La gente acá no se va a enganchar". Yo sentía muchísimo que no había cosas lindas porque la gente no se enganchaba; tenía ese pensamiento.
Y nada, le dije a ella: "Bueno, compremos unas luces, un par de pinturas, unos cuadros y arrancamos". Empezamos con los cuadros de fibrofácil pelados, ni siquiera le hacíamos base blanca, nada. Lo comentamos en varios bares. Nos tomaron en uno de ellos. Me acuerdo patente que los dueños nos preguntaron cuánto les cobrábamos por hacer eso ahí, y pensamos: "No, al contrario, ustedes díganos si nos cobran algo por usar el espacio".
Se súper engancharon, muy bien. En las primeras dos ediciones fueron 10 personas a cada una. En la tercera ya habíamos llenado los 24 lugares, que eran todos los atriles que teníamos (el papá de Eli los hizo).
Y bueno, seguimos con eso. Pero yo como que siempre la bajaba a la realidad: "No, que la gente no se va a enganchar". Ella me decía: "No, sí, sí, se van a enganchar". Bueno, tarjetazo e hicimos la Fluo. A los meses, Eli me dice: "Me encantaría hacer algo así, pero con pintura común en cafetería". Y yo: "Fluo es Fluo, pero para mí no se van a enganchar en la cafetería". Me dice: "No, sí, sí, vamos a hacerlo". Y también se súper llenaba. Las personas se engancharon muchísimo más en el arte tradicional que en Fluo.
Después arrancamos a hacer Fluo en Paraná. Cuando fuimos a otro bar de Santa Fe, el mismo encargado nos dijo si nos interesaba hacerlo tanto en la sucursal de Santa Fe, como en la de Paraná. Arrancamos y también se súper enganchó la gente; se enganchaban muchísimo más que acá. Y bueno, después como que, de a poco, nos fue bajando el cansancio de tener que ir a otros lugares, trasladar las cosas... se nos rompían los atriles, se nos manchaban los cuadros, las pinturas se abrían... llevábamos una valija hecha pedazos para todas partes. Yo tuve que aprender a manejar y mi abuela me prestaba el auto para ir a Paraná, porque no teníamos movilidad. Entonces nos frenaba un montón eso. Y bueno, surgió la idea de tener nuestro propio espacio.
4. ¿Y cómo fue el momento de abrir finalmente las puertas después de tanto esfuerzo?
Candela: Fue increíble. El 11 de noviembre del año pasado firmamos el contrato y el 15 de diciembre ya estábamos inaugurando. Fue un mes a las corridas, pero llegamos. Para nosotras fue un momento muy movilizante, después de todo el proceso previo. Ese día de la inauguración, ver el espacio con gente que quería entrar y participar nos hizo llorar de nuevo, pero esta vez de alegría.
Eliana: La apertura también fue una forma de ver concretado algo que veníamos construyendo desde hacía tiempo. Más allá de la inauguración en sí, lo importante fue poder darle un espacio propio al proyecto y empezar a desarrollarlo con más continuidad.
5. Como bien mencionaron anteriormente, venían realizando experiencias previas como la “Fluo Night”. ¿En qué consistía esto?
Candela: Era un evento que estábamos haciendo en distintos bares de la ciudad. La idea era que la gente pueda ir a pintar, a pasar un lindo momento a la noche. La propuesta giraba en torno a la pintura flúor y a la participación activa de quienes asistían, además sumábamos alguna consumición. Fue una experiencia que nos permitió probar la idea de manera inicial.
6. ¿Qué les dejó esa etapa previa a este proyecto?
Candela: Confirmar que quiero hacer siempre cosas así.
Eliana: También fue una forma de ver que había lugar para este tipo de iniciativas en la ciudad, o sea, que a la gente verdaderamente le llama la atención hacer cosas nuevas acá, en Santa Fe.
Candela: Esa etapa fue clave para ir probando, aprender de la experiencia y pensar cómo seguir creciendo. Con el tiempo, empezamos a incorporar nuevas ideas, elementos, y a buscar maneras de ampliar la propuesta, siempre con la intención de sostener el proyecto y evolucionar. Por ejemplo: después nos contactamos con una diseñadora para que cree el logo de nuestro emprendimiento actual y, a partir de eso, pensamos en el diseño de las bolsas, de los delantales…
6. ¿Por qué eligieron entonces unir cafetería y cerámica?
Candela: La actividad de pintura, para mí, es algo que tiene que estar acompañado de otra cosa, o se disfruta más con otra cosa. Es un plan muy de tarde o de mañana. Entonces es lindo desayunar o merendar mientras vos estás haciendo otra actividad. Hay otras cafeterías en las que, por ejemplo, se realizan juegos de mesa mientras merendás, y me parece re lindo: un plan diferente.
7. Muchas personas dicen “yo no sé pintar”. ¿Creen que cualquiera puede crear, aunque no tenga experiencia artística?
Eliana: Justamente, la propuesta surge desde esa idea: que cualquier persona pueda acercarse a lo artístico sin necesidad de tener experiencia previa.
Candela: Nosotras tampoco venimos de una formación académica en arte, y eso también influyó en cómo pensamos el proyecto. Nos interesaba generar un espacio en donde no haya una exigencia técnica.
Eliana: Que no se preocupen tanto por el resultado, sino por disfrutar de la actividad, de todo el proceso.
Candela: Claro, que puedan venir y disfrutar también del proceso. Nosotras no somos profesoras, no sabemos pintar. Pero nos gustan este tipo de planes. Lo más importante es reírse, divertirse e irse con una buena experiencia. No hace falta salir con una obra de arte, pero sí llevarse siempre un buen recuerdo.
8. Después de todo el recorrido, ¿que representa hoy su emprendimiento para ustedes?
Eliana: Para mí es un sueño cumplido. Hubo mucho esfuerzo, incertidumbre, noches sin dormir, pero poder sostener el proyecto hoy le da sentido a todo ese proceso.
Candela: Coincido. Es el resultado de un camino que fuimos construyendo paso a paso, con muchas pruebas y decisiones. Es un proyecto que nos permitió unir distintas cosas que nos interesan: el arte, la enseñanza y el encuentro con el otro, y darle una forma propia.
9. Para cerrar, debo decir que se nota que el arte está muy presente en ambas. ¿Viene de familia?
Eliana: Sí. En mi caso, mi abuela siempre hizo manualidades y mi tía es profesora de pintura y porcelana fría. Viene un poco por ahí, aunque nunca estudié nada formalmente.
Candela: A mí me pasa lo mismo, son artistas más del tipo “culturales”. Por ejemplo, mi abuelo toca folklore y a mi papá también le gusta muchísimo. Mi tía también hacia un montón de manualidades. Yo nací cuando ella tenía 15 años, entonces ella me llevaba de juguete a todas partes, y la veía y decía “ay, me encanta hacer todo eso”. Siempre compraba cosas de yeso y la miraba. Después no tuve tanto tiempo para hacerlo. Mi mamá estudió Maestra Jardinera, y yo la ayudaba a hacer todas las manualidades, me encantaba.
Justamente por eso queremos transmitir que no hace falta saber pintar para hacerlo. La gente, a veces, se preocupa mucho por si sabe o no, y la idea de este lugar es que pinten para disfrutar. Estudiar arte es hermoso, pero hay gente que simplemente quiere sentarse, tomar algo y expresarse sin presiones. Esa es la idea.




