Hay una frase que escucho en distintas versiones en casi todos los talleres que doy: "acá no se puede decir que uno está mal". A veces la dicen en voz baja, casi con culpa, como si reconocerlo fuera una falta. Y sin embargo, cuando pregunto quién atravesó alguna vez un momento de angustia, ansiedad o tristeza sostenida vinculado al trabajo, casi todas las manos se levantan. La brecha entre lo que se siente y lo que se dice es, en sí misma, un dato de salud emocional organizacional.

































